4/3/15

No se estila; ya sé que no se estila

En su Arte de cartas misivas, o método general para reducir al papel quantas materias pide el político comercio, de 1674, el ínclito retórico Emanuele Tesauro, turinense, barroco y a la sazón jesuíta, da infinidad de pistas útiles para el redactor actual de epístolas. 

No hay que dejarse engañar por la brevedad del título. 

De la lectura atenta de este tratado pueden aprender tanto el copy de marketing digital o directo como el de relaciones públicas y el que escribe discursos políticos, siempre que estén dispuestos a creer que alguien con peluca y sin iPad podía saber algo acerca de alguna cosa.

No digo nada nuevo si afirmo que buena parte de lo que hoy descubrimos en cualquier libro de moda sobre comunicación ya se ha escrito muchas veces en los últimos 2.400 años. Verdad es que esta repesca de ideas no es nueva, pero hay formas y formas de hacerla. La obra cumbre de Tesauro, El catalejo aristotélico, recoge y utiliza mucho saber de la Retórica del sabio macedonio, pero en su propio título se declara heredera de esa fuente y traza su personal itinerario sin el menor afán de renaming para con ella. Es un enfoque muy distinto del adoptado por algunos autores modernos, empeñados en inventar la rueda y patentarla. El adanismo es libre.

En todo caso, recomiendo a cualquiera que tenga por oficio la persuasión el estudio de la retórica clásica. Y casi siempre que lo hago creo ver en su mirada un brillo de compasión inspirada por mi demencia senil. ¿O será por mis zapatos?

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